Ejercicio 1: Escribir el mismo momento para dos edades diferentes, una para lectores de 8 a 10 años y otra para lectores 13 a 15. Entre 5 y 6 líneas cada versión. No cambia lo que pasa, cambia cómo se cuenta.
Lectores de 8 a 10 años: El bicho se tragó a su
compañera de un bocado. Samuel golpeó con fuertes martillazos la enorme panza.
Tras un ruido burbujeante, que surgió de lo más profundo de la monstruosa
garganta, Sara reapareció hecha un asco y llena de babas. Un inmenso ojo
amarillo se fijó en el improvisado héroe. Samuel tragó saliva, cerró los ojos y
se abrazó a su martillo como si fuera un salvavidas y él estuviera en medio del
océano. El apestoso olor del aliento del inmenso sapo invadió sus fosas nasales.
Gotitas de saliva se le pegaron al cuerpo y se mezclaron con su sudor. Iba a
ser devorado sin remedio.
Lectores de 13 a 15 años: Samuel vio, horrorizado,
cómo la boca del bicho se cerraba sobre su compañera. Sin pararse a pensar, se
lanzó a dar martillazos como loco en su blanduzco estómago, salpicado de llagas
purulentas y malolientes. Ni siquiera le parecía que ese aullido salvaje que
castigaba sus oídos saliera de su propia garganta. Con un sonido burbujeante,
la criatura regurgitó a Sara, que cayó, despatarrada y temblorosa, en el suelo
de ajadas baldosas blancas y negras. Un ojo amarillento se fijó en el
improvisado héroe, que se había quedado paralizado ante la reaparición de la becaria.
El chico tragó saliva con dificultad y cerró los ojos preparándose para ser
devorado. Cuando notó el aliento del monstruoso sapo en el rostro, sus
temblores se agudizaron, convirtiéndose en convulsiones incontrolables.
Pequeñas gotas de saliva se le pegaron al cuerpo, mezclándose con el sudor que
empapaba su camiseta. Se aferró con desesperación al martillo como si fuera un
salvavidas, pero en el fondo, sabía que estaba perdido.
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