domingo, 8 de marzo de 2026

Taller Escribir literatura I y J: Tarea 8. Escribir una escena

 Al no tener nada escrito del proyecto que presenté, me ha costado mucho realizar esta tarea, ya que me faltaba mucho contexto. Normalmente voy conociendo a mis personajes y perfilando situaciones a medida que escribo sobre ellos, pero aquí se me pedía que escribiera una escena suelta a pelo, en frío. Y la escena tenía que ser interesante, intensa, emocionante, con un evento que produjera cambios profundos en los personajes... casi presento una escena de otra novela que tenía escrita, pero no. ¡Quién dijo miedo!

Aquí dejo todo lo que escribí. Nada me convenció, pero presenté la primera porque con las otras dos no se entendía nada sin el contexto.

Escena 1 En la vida real no se respawnea

De 12 a 14 años.

Un destello repentino hizo que diera un respingo en el asiento que no pasó desapercibido para el resto. Menos mal que el profesor ya estaba calentito y nadie se atrevió a ir más allá de una risita.

De todas formas, Manu ni se enteró del efecto que había causado su reacción entre los compañeros porque no podía apartar la vista de la ventana emergente que había aparecido mágicamente ante él. Giró la cabeza a ambos lados, pero todos estaban a lo suyo. Que no era precisamente atender a clase. 

Cerró los ojos con fuerza, los volvió a abrir y… allí seguía. Incluso, más brillante e imponente. ¿Estaría alucinando? El texto cambió sin darle tiempo a leerlo.

«No estás alucinando. Las barras de vida son reales, las estadísticas son reales y tú eres el personaje principal del juego, así que espabila o muere».

Contundente. Muy contundente. Y borde, eso también.

Manu decidió hacer lo que mejor le solía funcionar: hacerse el tonto.

Intentó mirar más allá de la pantalla flotante, hacia la pizarra, pero el obstáculo se hizo más opaco. ¡Que mala leche! Pues fijaría su atención en el cuaderno.

Un chispazo le recorrió los dedos de la mano derecha, haciendo que soltara el boli.

Vale, ahora sí que estaba acojonado. Pero de verdad.

La ventana de videojuego había conseguido llamar su atención, pero bien que lo había conseguido.

«Acto 1: El fiel compañero»

Alguien le acercó el boli, que había acabado en el suelo. Alguien cualquiera, no. Mateo fue el que le puso el boli de nuevo en la mesa y el que lo estaba observando con el ceño fruncido y arruguitas en la frente. Sobre su cabeza seguía la maldita barra al cinco por ciento. 

—¿Te pasa algo? 

—¿Te pasa algo a ti? —contratacó Manu obsesionado con su nivel de vida.

—¿A mí? El que estás rarísimo eres tú.

—¿Estas cansado o algo? ¿Enfermo? ¿Tienes fiebre? —insistió como si se tratara de un interrogatorio policial.

Intentó tocarle la frente, pero su amigo la apartó la mano de un manotazo.

—¿Qué haces? Que a mí no me pasa nada, bro. Eres tú el que está muy raro —Se mosqueó Mateo.

—Encima que me preocupo. ¡Vete a la mierda! —le susurró con rabia.

—Manu y Mateo, a la pizarra.

Ambos pegaron un salto en sus asientos, generando más risitas a su alrededor.

Pues ya lo que faltaba. Atraer atención indeseada. Ambos se hicieron los remolones, pero no les quedó otra que exponerse al escarnio público.

Mateo se levantó primero y casi tiró la silla. Se notaba que se había cabreado. Pero es que Manu también estaba calentito. Ambos avanzaron entre la hilera de mesas hasta llegar al profe de mates, que tampoco se podía comparar con unas castañuelas.

Manu se fue encogiendo a medida que se acercaba al artefacto electrónico. La expresión de cabreo se le fue suavizando y dando paso a una más neutra, pero con incipiente tic en el ojo. Se agarró las manos para evitar que le temblaran. 

Lo último que recordaba de la otra noche era la sensación de ser absorbido por esa cosa. Ya no tenía tan claro que lo hubiera soñado.


Escena 2 En la vida real no se respawnea

De 12 a 14 años.

Un destello le avisó de que comenzaba de nuevo su tortura. Si es que lo sabía. Apretó la mano derecha en un puño alrededor del lápiz, apretando el trazo hasta hundir la punta en el papel. Daba igual. Alargarlo no le iba a servir de nada. Lo mejor era enfrentarse al nuevo reto como el que se quita una tirita. Del tirón. 

Levantó la vista del cuaderno y la fijó en la ventana luminosa que flotaba en el aire como si fuera lo más normal del mundo. Tragó ruidosamente el nudo que le taponaba la garganta. Afortunadamente, sus compañeros seguían con la atención puesta en la compañera. Qué, a ver, pena le daba, pero lo bien que le estaba viniendo para que no lo pillaran de nuevo leyendo el aire. 

Entrecerró los ojos para conseguir más nitidez. No sacaba las gafas ahora ni loco. Las carcajadas de sus compañeros subieron de tono. Pero las ignoró. Ya sabía cómo se las gastaba la pizarra. 

«Misión secundaria: ganar la confianza de la guardiana del umbral»

¿La qué? Empezábamos mal. Cómo iba a superar la misión si ni siquiera la entendía.

«Recompensa: ganarás un aliado importante y un poder aleatorio.

Castigo: ...»

Un impacto suave en la nuca le sacó de su lectura.

—¿Qué haces? Te has vuelto a quedar tonto—le interpeló mosqueado Mateo.

Manu parpadeo deprisa varias veces, sorprendido.

—¿Me has...? ¿Me has dado una colleja? — barboto indignado— Me has agredido —lo acusó abiertamente sintiendo que los colores le subían a las mejillas haciéndolas arder.

Su amigo se encogió de hombros. Nunca le habían impresionado demasiado los cabreos exprés de su amigo.

Ahora Manu se sentía con muchas ganas de explotar, pero seguía percibiendo el brillo de la pantallita emergente por el rabillo del ojo y más le valía enterarse del castigo. Porque se olía que se lo iba a comer.

Ignoró a Mateo y la arruguilla de preocupación que comenzaba a formarse de nuevo en su frente. Si el que tenía motivos para estar preocupado era él. Le estaba costando la vida subir la maldita barra de vida.

«Castigo: se reducirá aún más la capacidad de visión con la necesidad del objeto gafas para ver»

¿Qué? ¿Está de coña? ¿Va a aumentarme las dioptrías para que le haga la competencia a la seta de las gafitas? Manu se apretó las sienes con desesperación.

—¿Te pasa algo?

La arruga de la frente de su amigo ya se había convertido en un profundo surco.

—No, no, que va—aseguró en un todo nada convincente.

El sistema tirita se le estaba yendo a la mierda. Leer en qué consistía la misión ya era una misión chunga en sí misma.

«Éxito automático si la guardiana del umbral cede voluntariamente el objeto gafas».

No, fastidies. ¿La guardiana del umbral es Lucía? Venga, hombreeeeee. 

Un sonido de algo arrastrándose por el suelo y culminando con un choque contra sus deportivas le sacaron de su espiral de miseria.

El objeto gafas descansaba de mala manera ante él. Las alcanzó entusiasmado y se las puso. Espera un momento. No. Que tenía que dárselas voluntariamente. Por qué tenía que ser todo tan difícil.

Los pelos de los brazos se le pusieron de punta al notar el peso de un silencio antinatural. 

Un molesto reguero de sudor comenzó a formarse en su espalda.

—¿Qué hace el rarito este? —escuchó la voz de Isaias en u tono que no presagiaba nada bueno. Al menos para él.


Escena 3 En la vida real no se respawnea

De 12 a 14 años.

Lucía se entregó entusiasmada a su explicación sobre el puzle secreto del Resident Evil Requiem, ganándose a su audiencia desde el minuto uno. Seguía encogida sobre sí misma, pero; si te fijabas mucho, pero mucho, mucho; tras los reflejos de los cristales de las gafas se podía ver un pequeño cambio en su mirada. Había que fijarse muchísimo, pero, con todo lo que llevaba a sus espaldas, Manu se estaba haciendo tan experto en observar los detalles en la vida real, como ya lo era dentro de los videojuegos. 

Todo era susceptible de convertirse en una pista o una señal. Y toda ayuda era bienvenida en esta espiral de sinsentidos en la que se había visto envuelto.

—Ahora vengo —interrumpió brevemente su mejor amigo, al tiempo que se retiraba del corrillo.

Manu lo vio encaminarse hacia el edificio B, seguramente al baño. Algo totalmente natural y nada reseñable.

Pero, como ya he comentado antes, se estaba volviendo un experto en fijarse en señales mínimas que revelaban mucho más de lo que se podía descubrir a simple vista. 

A su amigo le latía una vena en el cuello. Nada exagerado, pero lo justo para hacer saltar sus alarmas.

Discretamente, le siguió, dejando a sus colegas totalmente absorbidos por la explicación de Lucía.

No le costó nada alcanzarlo. Casi sin darse cuenta había ido acelerando el paso y lo pilló en la entrada del edificio.

—Eh… ¡Eh! —lo interpeló antes de que se perdiera por el pasillo.

Mateo se volvió hacia él y lo miró expectante. Y también un poco impaciente. A las claras se veía que quería quitárselo de encima y seguir su camino. Pues sí que se estaba meando.

—Oye, bro. ¿Qué te pasa? Estas raro…

—¿Yo? ¿Qué yo estoy raro? Mira tío, el raro eres tú que me estás siguiendo al baño. 

Manu acusó el golpe y se le subieron los colores de golpe. Pero qué decía ese ingrato. Cómo si a él le gustara hacerle de niñera.

—¿A qué baño vas? El de esta planta está para el otro lado —contratacó muy picado.

Mateo apretó la mandíbula en una línea tensa y endureció la expresión de sus ojos.

—¿Y a ti que te importa? —siseó con rabia mal disimulada.

—¿Por qué te enfadas? —se exasperó Manu sintiendo que el control de la situación se le escapaba de entre los dedos.

—No estoy enfadado —gruñó el otro apretando más aún los dientes.

—Claro, claro… y yo soy Cratos buscando venganza—se burló sin poder evitarlo. Aunque inmediatamente deseó haberse mordido la lengua.

Su amigo bufó y se dio la vuelta, comenzando a andar de nuevo. Seguramente, dando por terminada la conversación, pero no le iba a resultar tan fácil.

Manu echó a andar tras él, apretando el paso para ponerse a su altura.

—¿Qué pasa? ¿Qué te he hecho? —insistió moviendo los brazos como aspas de molino y arrugando aún más el ceño.

Mateo no se paró. Siguió su camino sin ni siquiera mirarlo. Así que Manu le agarró del brazo y tiró de él con pura rabia.

—No me toques —le espetó su amigo soltándose de un tirón.

Su expresión de enfado había cambiado por otra de sorpresa. Lo de agarrarle ya le parecía pasarse tres pueblos. Se encaró con él visiblemente afectado.

» ¿Qué te pasa a ti? Desde que te quedaste a por el móvil estás rarísimo. Cómo si te hubieran poseído —le echó en cara intentando a duras penas recuperar la compostura —A lo mejor eres tú el que tiene algo que contarme.

Se midieron con la mirada unos segundos. Mateo muy serio, un poco más tranquilo y esperando una respuesta que tardaba demasiado en llegar. Al parecer había recargado sus existencias de paciencia. Para su desgracia, no había ocurrido lo mismo con nuestro protagonista, al que la angustia, el estrés y la adrenalina le estaban pasando factura.

—Pues mira, sí. He sido poseído —escupió con voz demasiado aguda mientras el fuego ascendía de su estómago a sus mejillas.

» Y a ti te ha importado una mierda todo este tiempo. Tengo algo en la cabeza que es un hijo de puta integral. O hija de puta. O hije… ¡bueno! Da igual. Esa cosa me hace hacer misiones de mierda por sus huevos— chilló, elevando el volumen de su voz, en concordancia con la dureza del tono. 

—Tú estás loco—le interrumpió Mateo casi en un susurro.

—Y tú estás a punto de morir.

—¿Qué? —La cara de su amigo se tornó lívida en cuestión de segundos.

Manu se mordió el labio. Se le había escapado, pero no podía contarle toda la verdad. Ya pensaba que había perdido la cabeza con lo poco que había soltado.

Los ojos se le humedecieron y se estrujó el cerebro buscando con desesperación una salida airosa. El nudo que se había instalado en su garganta amenazaba con asfixiarlo. Tragó saliva ruidosamente, pero no logró librarse de él. 

Se habían peleado muchas veces, pero no recordaba ninguna otra ocasión en la que pareciera que se jugara tanto. 

—Sólo dices tonterías —rompió Mateo el silencio incómodo. 

Su voz volvía a ser tranquila, pero la presión a la que sometía su mandíbula decía más que mil palabras.

Manu buscó la barra de vida, temiéndose lo peor.

» Mírame a los ojos cuando te hablo—le pidió su amigo cortante—No sé qué historias te estás montando en la cabeza, pero a mí no me metas.

—¡Claro que te meto! —volvió a estallar —Eres mi amigo.

—Pues a lo mejor no me renta serlo.

Manu sintió como si algo le estrujara el corazón dentro del pecho.

—¿Qué? —logró decir con un hilo de voz.

—Que me dejes en paz.

Mateo se alejó con paso rápido y Manu no se sintió con ánimo para seguirlo. «Que le den», pensó lleno de ira. Y se fue. Pero no con los colegas, que seguirían tan felices de charla en el patio. Se fue al baño. El que estaba hacia el otro lado. Se encerró en un cubículo y se puso a llorar intentando ahogar los sollozos como pudo. 

Lo que le faltaba para coronar el día era que alguien le pillara así y se lo contara a todo el mundo.

viernes, 27 de febrero de 2026

Taller Escribir literatura infantil y juvenil: Clase 4

 Manuscrito para enviar a una editorial

Formato: Garamon, 13, doble espacio.

Asunto: Manuscrito no solicitado

En el cuerpo del mensaje o en un PDF adjunto:

-          Biografía: 3 ó 4 líneas en relación con tu trayectoria de escritor o tu novela.

-          Sinopsis: Una carilla (una página escrita por una sola cara).

-          Párrafo hablando de la novel e influencias desde la distancia: los autores que te han influido, donde encaja vuestra novela en su editorial.

-          Email, nombre y número de teléfono.

Escena

La escena remite al tiempo real del lector. Es muy importante la sensación que tiene el lector cuando está leyendo porque opera en su mismo tiempo.

Ejercicio: Grabar una conversación real para que nos demos cuenta que nunca se podría llevar al texto tal cual, porque está llena de doble sentidos, faltas de sentido, ironía difícil de reflejar sin el tono de las voces, vaguedades, contradicciones…

La Escena es la unidad individual mínima de la acción. Su objetivo es hacer avanzar la historia. Es muy importante determinar que va en una escena y que va narrado.

Pilares de la escena:

1-     Lugar, espacio, tiempo: hay que concretar todos estos puntos, aunque luego no se cuenten directamente en la escena. Esto va a determinar el contexto. Hay que escenificar los detalles, que es lo que crea la tensión en las escenas. Ej.: Una vez en américa, la escena en la que Robert de Niro está teniendo una conversación banal con otro personaje y la tensión la crea el ruido molesto de la cucharilla al remover una taza en la que ya no le queda té. Hay que determinar con claridad cual es el propósito, qué ocurre en la escena y por qué hemos decidido convertirlo en escena.

2-     Diálogo: Ej.: El nombre de la Rosa, Umberto Eco.

Las conversaciones me planteaban muchas dificultades, pero luego las resolví escribiendo. Hay un tema poco tratado en las teorías de la narrativa: el de los turn ancillaries, es decir los artificios de que se vale el narrador para ceder la palabra a los distintos personajes. Véase las diferencias entre estos cinco diálogos:

 

          1. -¿Cómo estás?

 

          -No me quejo, ¿y tú?

 

          2. -¿Cómo estás? -dijo Juan.

 

          -No me quejo, ¿y tú? -dijo Pedro.

 

          3. -¿Cómo -dijo Juan-, cómo estás?

 

          Y Pedro, precipitadamente:

 

          -No me quejo, ¿y tú?

 

          4. -¿Cómo estás? -se apresuró a decir Juan.

 

          -No me quejo, ¿y tú? -respondió Pedro en tono de burla.

 

          5. Dijo Juan:

 

          -¿Cómo estás?

 

          -No me quejo -respondió Pedro con voz neutra. Luego, con una sonrisa

 

          indefinible: -¿Y tú?


          Salvo en los dos primeros casos, en los otros se observa lo que se define como «instancia de la enunciación». El autor interviene con un comentario personal para sugerir el sentido que pueden tener las palabras de uno y otro personaje. Pero, ¿esa intención falta realmente en las soluciones, al parecer asépticas, de los dos primeros casos? ¿Y dónde es más libre el lector? ¿En los dos casos asépticos, donde podría sufrir una imposición afectiva sin darse cuenta (¡la aparente neutralidad del diálogo en Hemingway, por ejemplo!), o en los otros tres casos, donde al menos sabe a qué juego está jugando el autor?

          Se trata de un problema de estilo, un problema ideológico, un problema de «poesía», similar a la elección de una rima interna o de una asonancia, o a la introducción de un paragrama. Hay que encontrar una coherencia. Quizá mi caso era fácil porque Adso relata todos los diálogos, y qué duda cabe de que Adso impone su punto de vista a toda la narración.

          Los diálogos también me planteaban otra dificultad. ¿Hasta qué punto podían ser medievales? Con otras palabras, mientras escribía me fui dando cuenta de que el libro adquiría una estructura de melodrama bufo, con extensos recitativos y amplias arias. Las arias (por ejemplo, la descripción de la portada) remedaban la gran retórica del Medioevo, y en ese caso no faltaban modelos. Pero, ¿y los diálogos? En determinado momento temí que los diálogos fueran Agata Christie, mientras que las arias eran Suger o San Bernardo. Me puse a releer las novelas medievales, quiero decir la epopeya de caballería, y me di cuenta de que, con alguna licencia de mi parte, estaba respetando, sin embargo, un uso narrativo y poético que no era ajeno al Medioevo. Pero el problema me preocupó largamente, y no estoy seguro de haber resuelto esos cambios de registro entre aria y recitativo.   

                                             Umberto Eco (“Apostillas a El nombre de la rosa)

 

Como curiosidad, la adaptación cinematográfica de En el nombre de la rosa, fue bastante fácil porque los diálogos estaban cronometrados para durar lo justo que tenían que durar en una escena audiovisual.

El Estilo de Heminway para escribir diálogos es utilizar mucho el subtexto para que lo importante se insinúe, pero no se toque directamente en el diálogo. Ej.: Colinas como elefantes blancos. Escribe casi sin acotaciones para que haya interpretación libre del lector.

No hay ninguna fórmula que funcione mejor que otra. Unos escritores prefieren acotar con detalle para guiar al lector por donde quieren y dejar clara su intención y otros, prefieren dejarlo abierto a la interpretación.

Las estructuras sintácticas deberán ser cortas y el léxico natural y sencillo. Hay que intentar imitar la realidad, lo que no implica copiarla. Los escritores hacen lo que se llama la mímesis de la realidad: hacen algo que se parece, pero dotándolo de sentido y contexto.

El diálogo va de la mano con la narración.

Por ejemplo, para marcar la ironía, hay que apoyarse en el narrador. No se puede conseguir sólo a partir de lo que un personaje dice.

Encontramos dos partes dentro del diálogo:

1-     Parlamento: Lo que dicen los personajes.

2-     Acotaciones: las explicaciones, el contexto, lo que piensa o hace el personaje. Hay que tener cuidado con alargar demasiado las intervenciones del narrador porque resta ritmo y la escena queda poco natural.

El diálogo se representa a nivel estilo con raya larga. Para insertar el guion largo o raya (—) en Word, usa el atajo Alt + 0151 (teclado numérico), o escribe tres guiones cortos seguidos y presiona espacio. En Mac, usa Option + Shift + guion. También se puede copiar el guion (—) de este texto y pegarlo.

Otra forma de representar diálogo es con comillas o sangrías.

Subtexto: es el significado implícito, oculto o subyacente que se encuentra debajo de lo que se dice o escribe explícitamente (el texto). Es la "verdad" emocional, las intenciones, pensamientos o motivaciones no expresadas de los personajes, que permiten leer entre líneas y añadir profundidad y tensión a la narrativa. El subtexto es lo más importante, la sustancia, lo que atrae, lo que interesa.

En esto se basa la teoría del Iceberg. La teoría del iceberg, popularizada por Ernest Hemingway, postula que en literatura (y comunicación) la mayor parte del significado debe quedar oculta bajo la superficie, mostrando solo un 1/8 parte mediante acciones y diálogos, mientras que el 7/8 restante (contexto, emociones) lo infiere el lector. Esta técnica de omisión crea historias más profundas y sugerentes.

Mapa

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Cuál es la clave de un buen diálogo: la transparencia.

El texto oculta la vida interior a los demás, pero permite al lector ir más allá.

Hemingway primero pensaba en los personajes, en todo lo que se ocurría de forma literal, luego, su ejercicio consistía en ir quitando elementos para dejar sólo lo imprescindible. La clave es cuanto puedo quitar sin restar sentido, que se siga entendiendo las situaciones e intenciones de los personajes.

En los diálogos es muy importante que cada personaje tenga su propia forma característica de expresarse. De otro modo te puedes perder en los diálogos como lector y no saber quién está hablando en ese momento sin necesidad de acotaciones precisas.

Secuencia: unión de varias escenas.

En el texto de Skarmeta vemos cuatro escenas: La presentación, la visita del militar, la vuelta del militar y la cena familiar. También encontramos una elipsis que se salta dos semanas.

En la última escena se juegan con las miradas y silencios y se presenta el giro final con el ajedrez. En esta escena se demuestra que el niño ha aprendido, madurado, y ya entiende que hay cosas que se deben omitir y que, incluso, a veces es bueno mentir.

Qué se necesita para para trabajar en una escena:

-          Mínimo, dos personajes.

-          Espacio-lugar-tiempo

-          Imaginar la escena dentro de la novela – subtexto.

-          Qué se dice, que se elimina y qué se oculta.

-          Cual es el propósito: qué quiere un personaje del otro.

Fijarse en las acotaciones y los parlamentos.

Tarea: escribir una escena. Hay que indicar para qué edad  está dirigido el texto.

lunes, 23 de febrero de 2026

Taller Escribir literatura I y J: Tarea 7. Preguntas para el protagonista

 

1. La mirada

  1. ¿Qué cosa del mundo adulto no entiende y le molesta?

Que no le dejen en paz. No entiende que tenga que dejarlo todo para hacer cosas que no quiere hacer porque a sus padres se les ponga en la punta de la nariz.

  1. ¿Qué situación cotidiana le parece injusta?

Que le repitan cada dos por tres que le dedica demasiadas horas a los videojuegos. Sobre todo, le repatea que le señalen continuamente que tiene los ojos rojos de tantas pantallas.

  1. ¿Qué cree saber muy bien, aunque probablemente se equivoque?

Sabe que los adultos sólo quieren fastidiarle por pura diversión y que nadie, fuera de su grupito de amigos, puede entenderle.

2. Deseos y miedos

4.                 ¿Qué desea más que nada en este momento?

Salvar a su mejor amigo de irse al Lobby realizando todas las locas misiones que el ente extraño le impone.

5.                 ¿Qué podría perder si ese deseo se cumpliera?

Llamar la atención, ser el centro de las burlas de sus compañeros, que los adultos crean que se ha vuelto loco.

6.                 ¿Qué es lo que más teme, aunque no lo diga en voz alta?

Que la noche en la que fue absorbido por la pizarra electrónica hubiera muerto y estuviera en un infierno gamer.

3. Acción y conflicto

7.                 ¿Qué pequeña decisión está a punto de tomar?

Dejarse la piel por su mejor amigo, aunque su mejor amigo no se lo agradezca.

8.                 Cuando tiene miedo, ¿cómo reacciona normalmente?

Ataca verbalmente con furia, normalmente le dan ataques de ira. Cuando deja de verlo todo rojo, se siente la víctima y lleva sus argumentos y acciones hasta el extremo para intentar salirse con al suya: normalmente defender su inocencia a muerte. 

9.                 ¿Qué secreto guarda, aunque no sea grave?

Por las noches, espera que todo el mundo duerma para jugar con el móvil un rato. Por eso tiene esa pinta de ser poco espabilado, muy despistado y luce unas eternas ojeras que tienen muy preocupada a su madre. La falta de sueño le pasa factura.

4. Tiempo y percepción

10.             ¿Qué momento del día se le hace eterno?

Las comidas en familia.

11.             ¿Qué recuerdo vuelve una y otra vez?

Cuando era pequeño se perdió en un centro comercial y le invadió un sentimiento de abandono que a veces le asalta con fuerza cuando se siente incomprendido.

12.             ¿Qué espera que ocurra pronto?

Que acabe el juego que le ha impuesto el ente extraño platinándoselo y consiguiendo todos los trofeos.

5. Los adultos

13.             ¿Qué adulto es importante para él o ella? ¿Por qué?

Su padre. Es el único que se sienta a jugar con él y parece que, en ocasiones, intenta entender la afición que lo mueve.

14.             ¿Qué adulto no lo ve o no lo escucha?

Su tutor. Para ese profesor Manu es un expediente más qué cubrir y no un ser humano en formación. Perdió su vocación de maestro hace muchos años porque se ha ido quemando con la situación del sector educativo y con todo con lo que tiene que lidiar dentro y fuera de clase.

15.             ¿Qué cree que los adultos piensan de él o ella?

Que es adicto a los videojuegos y que eso le está afectando en el comportamiento, haciéndolo irascible y creándole problemas para socializar. Él piensa que pasa justo lo contrario: es gracias a los videojuegos que consiguió a sus amigos. Y se enfada porque le hacen enfadar, no por jugar más o menos.

6. Lenguaje y voz

16.             Una frase que el personaje diría a menudo.

¡Qué épico!

17.             Una palabra que nunca usaría.

Perdón

18.             Algo que suele exagerar cuando lo cuenta.

Su enfrentamiento con el boss final.

 

viernes, 20 de febrero de 2026

Taller Escribir literatura infantil y juvenil: Clase 3

La acción y el tiempo

El movimiento de la acción narrativa hay que tenerlo en la cabeza. El lector niño quiere que pasen cosas, que avance la trama y que los personajes estén en movimiento. Los adultos tienen más paciencia que los niños. Por ejemplo, los niños no aguantan las digresiones, por regla general. Las digresiones son interrupciones en el hilo principal de un discurso, narración o texto, donde se introducen temas secundarios o no relacionados directamente con el asunto central. Actúan como pausas para enriquecer el relato, divagar, ironizar o dar libertad creativa, siendo una técnica común en la literatura y el habla cotidiana. Detener la acción, volver hacia atrás y contar la historia de un personaje o lugar suele desenganchar a los lectores niños.

Hoy en día los niños tienen menor capacidad de atención por el tipo de estímulos que reciben, por eso es importante el movimiento continuo en las novelas infantiles y juveniles.

Hay que tener cuidado incluso con las descripciones. Deben hacerse a través de las acciones y el movimiento de los personajes: Ej.: las lágrimas le caían a borbotones mientras saltaba el muro para poner la mayor distancia posible entre ella y ese desalmado de ojos bicolor.

Este tipo de literatura es como un tren: no avanza muy rápido, pero siempre está en movimiento.

La acción se construye en relación con el tiempo y existen dos tipos:

-        -  El tiempo del lector: el tiempo que tarda el lector en leer la novela

-        -  El tiempo de la narración. El tiempo en el que transcurre la acción que no tiene por qué coincidir con el del lector. Pueden pasar horas, días, meses, años…

Dentro del tiempo de la narración encontramos escenas, Resúmenes y Elipsis.

Las escenas son la unidad gramatical más importante. Por lo general, coincide con el tiempo real del lector, más o menos.

Cuando el lector está en le tiempo real de la escena, son los personajes los que hacen y los que dicen y el narrador se retira un poco. Aquí conocemos a los personajes y el narrador podrá puntualizarlo, pero debemos centrar las escenas en el foco de los personajes.

En cada escena debe aparecer acciones, desarrollo de personajes, conflictos, novedad…

Si el tiempo no coincide con el del lector, entonces estamos ante un resumen, que son los momentos en los que nos cuentan por encima que pasa tiempo porque lo que ocurre no es importante para la historia.

Las Elipsis son aquello que no se menciona en la historia y se da salto en la narración. Las decisiones sobre la que va a ir en la novela y lo que no son muy importantes. Por ej.: si un personaje va del punto A al punto B y no aporta nada en la narración se omite.

La historia es el marco temporal. Lo que creo que debe ir en escenas, qué debe aparecer como resumen y qué no debe aparecer. Ej. De Elipsis: Un año después…

Las leyes de la escritura no están escritas en piedra. No todo funciona siempre y las excepciones pueden funcionar, a pesar de que no sea lo normal. Podemos hacer escenas mezclando resumen o una elipsis.

Lo que debemos tener claro es qué queremos contar y cuánto de eso queremos contar.

La clave para saber qué podemos resumir o con qué podemos hacer una elipsis es que si no se pone y funciona es porque no tenía que ponerse.

Si en la escena se muestra una parte importante o un personaje revela algo importante o imprescindible o la acción cambia algo no se puede omitir.

Si el personaje dice algo, pero el narrador muestra algo contrario a lo que dice encontramos subtexto. Por ejemplo, si un personaje le dice a alguien por teléfono que no se preocupe, que no pasa nada, pero el narrador describe como se le humedecen los ojos y un nudo se forma en su garganta mientras asegura que está perfectamente bien.

Cuando pensamos en una historia tenemos que ver hacia donde va y eso nos dice lo que es importante.

Personajes

El personaje es el eje del relato y se trabaja mucho en baso a la empatía. No siempre la fuerza recae en lo que ocurre sino a quién le ocurre.

Para crear el conflicto hay que tener en cuenta los problemas de nuestros lectores, que no entienden el mundo como los adultos. Están en el proceso de aprender a entenderlo y a identificarlo. Su realidad es más fragmentaria y exagerada. Ej.: El pequeño Nicolás.

El protagonista debe moverse en un contexto creíble y verosímil para que el lector se identifique.

La edad de los lectores, por lo general, se tiene que corresponder con la del protagonista o un poco más, que sería lo ideal porque en los niños existe el deseo de crecer. A medida que crecemos alcanzamos lo que está prohibido.

Los personajes tienen que ser imperfectos. Los personajes planos buenos o malos les aburren. Los personajes imperfectos se pueden equivocar y tomar malas decisiones, pero, aun así, o justo por eso, se puede empatizar con ellos.

Los personajes pasan por un arco de transformación a través de aquello que han vivido. Esto aplica incluso a los seres fantásticos, aunque sea un dragón es mejor si es imperfecto y los lectores pueden empatizar con él. Los personajes con defectos nos suelen caer mejor. El defecto los hace especiales y únicos.

Los personajes secundarios

Cuando construimos personajes secundarios nos tenemos que hacer dos preguntas:

-          ¿Qué aportan ala historia y qué aportan al protagonista?

-          ¿En qué se diferencian del protagonista?

Cuantos más personajes metas más difícil será la identificación de los mismos en la escena.

Si coges la historia, eliminas las intervenciones de ese personaje secundario y se entiende la historia, ese personaje no es importante y se puede prescindir de él. Sólo es un apoyo o un elemento cómico.

En Morfología del cuento de Vladimir Propp se desarrollan los rasgos distintivos de los personajes arquetípicos de los cuentos.

A la hora de presentar a los personajes hay que tener en cuenta la dosificación de la información. Cuando construimos a los personajes se pueden hacer de muchas maneras: con fichas de personaje, cuestionarios como el de Proust o, incluso creando biografías completas. Pero luego no todo es relevante para la historia y no debe aparecer en la novela. Todo esto es muy útil para conocer a nuestros personajes fuera de la novela y poder plasmarlo de forma verosímil. También tenemos que enlazar las vidas de nuestros personajes en una red de relaciones y puntos comunes antes de desarrollar la historia.

Ej.: Poemas de Alberto Cardo.

Una vez tengamos toda esa información, la pregunta es cómo la dosificamos en la acción de las escenas. Los datos hay que ir soltándolos poco a poco. Si damos muchas juntos el lector los suele olvidar.

Regla del 3: Para que el lector recuerde un dato hay que repetirlo 3 veces.

Las preguntas no son importantes porque nos resuelvan algo de la trama sino que a través de esas preguntas nos puede llegar algo del personaje que puede ser importante y que estemos pasando por alto.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Taller Escribir literatura I y J: Tarea 6. Ficha de personajes

 

En la vida real no se respawnea


Ficha de personajes

Principales

Manuel Rodríguez Durán (Manu)

Rol en la historia: Protagonista

Objetivo: Evitar que su mejor amigo muera y descubrir quién o qué está detrás de su transformación y de la situación en la que se ha visto envuelto.

Descripción física: 13 años. Cara de pasmado, pelo castaño rebelde y casi siempre de punta. Ojos grandes y marrones, cejas gruesas, nariz redonda, orejas pequeñas. Mofletes llenos. Ni grueso ni delgado. Pies y manos un poco grandes en proporción al resto de su cuerpo.

Personalidad: Poco sociable, divertido con sus amigos, serio con el resto, poca paciencia, se frustra enseguida, tiene estallidos de rabia, gran capacidad lógico-matemática, poca empatía y es un poco gruñón.

Ocupación: Estudiante de 2º ESO en un instituto concertado.

Hábitos/Maneras de actuar: Impulsivo, egoísta, egocéntrico, excesivamente dramático con las “injusticias”.

Trasfondo: Vive en una casa de 95 metros cuadrados con sus padres y su hermano mayor universitario. Da por hecho el cariño y las atenciones que recibe por parte de sus padres. Le agobian su madre y su hermano, protectores y con muchas ganas de dirigir su vida sin parase a entenderle y conocerle. Se lleva muy bien con su padre, que le consiente demasiado y es un gran compañero de juegos cuando sus amigos no pueden conectarse.

Conflictos internos: Frustración porque no le dejan vivir su vida como quiere. Se siente responsable de lo que le pueda pasar a su amigo tras descubrir su barra de vida.

Conflictos externos: El día a día en el instituto, estudiando lo justo para aprobar y que no le caigan broncas, y los tira y afloja con su familia para que le dejen sentarse a jugar tranquilo. Él no necesita la vitamina D del sol, comer a las horas impuestas o socializar como los demás quieran.

 

EXCA (Entidad extraña)

Rol en la historia: Antagonista

Objetivo: Aprender sobre la humanidad para conocerla en profundidad y comprenderla con el fin descubrir puntos de mejora que se podrían poner en práctica para conseguir una mayor eficiencia en el comportamiento general de la especie. Conclusión: no hay una solución general válida. No existe lo malo y lo bueno sino diferentes escalas morales que suelen ser subjetivas dependiendo del punto de vista de los implicados y observadores.

Descripción física: Edad indefinida. En principio, adopta la forma de la pizarra eléctrica de la clase de Manu; luego se mete en su cerebro haciéndole ver cosas raras al protagonista con lo que pierde la forma definida; al final es un ente con forma humanoide, pero con rasgos que no parecen del todo humanos: los dedos demasiado largos, el iris tan negro como las pupilas y la piel con un tono gris muy poco natural.

Personalidad: Curioso, frío, metódico, un poco sádico. Tiene un gran sentido del humor negro.

Ocupación: ¿Qué puede ser la entidad misteriosa?

-Un alienígena destinado a la tierra para hacer experimentos sociológicos con los humanos.

-Un científico, que estudia la tecnología relacionada con la biología y sus posibles efectos y que hace un experimento ilegal con el protagonista

-Una inteligencia artificial con conciencia propia que vive en un cuerpo ciborg y desea comprender de los humanos. Al final lo da por imposible porque cada humano debe tratarse como una unidad única y compleja.

Hábitos/Maneras de actuar: Lleva todas las situaciones hasta el extremo. No puede quedarse a medias. Es superior a él.

Trasfondo: Depende de su ocupación, pero independientemente de ésta, ha vivido siempre en una ambiente aséptico y ordenado, pero no siente que encaje en él y necesita ampliar horizontes y conocer cosas nuevas y diferentes que le den sentido a su existencia.

Conflictos internos: Frustración porque no entiende los comportamientos, hábitos y reacciones humanos. Ni siquiera en un mismo entorno encuentra dos que piensen y actúen igual. Necesita descubrir el patrón.

Conflictos externos: Sus recursos sólo le permiten manejar a un humano y el que ha elegido, Manu, ha resultado ser bastante rebelde y protestón.

 

Mateo Alonso Gómez

Rol en la historia: Mejor amigo del protagonista

Objetivo: Lucha contra una depresión que ni él mismo sabe que tiene, pero que le está quitando las ganas de vivir poco a poco.

Descripción física: 14 años. Pelo negro, ojos marrones, casi siempre inexpresivo, nariz recta redondeada en la punta, labios finos, cuerpo proporcionado. Un poco más alto que Manu.

Personalidad: Reservado, serio, poco hablador, siempre dispuesto a ayudar y jugar a videojuegos en línea que hacen que se olvide un poco de sus problemas de la vida real.

Ocupación: Estudiante de 2º ESO en un instituto concertado.

Hábitos/Maneras de actuar: No sabe expresar lo que siente o piensa con palabras, con lo que prefiere guardarse sus opiniones. Suele asentir cuando lo que le están diciendo le interesa de verdad.

Trasfondo: Vive en una casa de 45 metros cuadrados con sus padres. Su madre tiene un problema mental que hace que el trato con ella sea difícil. Su padre no sabe cómo enfrentar el problema.

Conflictos internos: Se siente vacío, torpe e inútil, principalmente a raíz de la difícil relación que mantiene con su madre. No es capaz de expresar lo que le está pasando, con lo que siente mucha soledad e incomprensión.

Conflictos externos: Sus problemas sentimentales no le dejan concentrarse en los estudios, así que sus notas son bastante bajas. A veces se siente excluido de su grupo de amigos porque se siente tonto e inútil.

 

María Luz Rodríguez Martín (Luz)

Rol en la historia: Inicia siendo compañera del protagonista y evoluciona hasta meterse en su grupo de amigos.

Objetivo: Pasar desapercibida.

Descripción física: 13 años. Pelo castaño oscuro y largo, casi siempre recogido en una coleta; ojos marrones; nariz recta; labios gruesos; cara redonda; complexión un poco rellenita. Lleva gafas grandes de pasta porque tiene bastante dioptrías de miopía.

Personalidad: Soñadora, tímida, creativa, asustadiza, insegura, a veces está resentida con el mundo en general por no aceptarla como es.

Ocupación: Estudiante de 2º ESO en un instituto concertado.

Hábitos/Maneras de actuar: Le cuesta moverse de forma natural si la están mirando y a veces tartamudea un poco al hablar.

Trasfondo: Vive con sus padres que se desviven por sacarla de su timidez y lo único que logran es que se encierre aún más en sí misma. Tiene dos hermanos mayores y una hermana pequeña.

Conflictos internos: Quiere relacionarse con los demás y tener amigos, pero se siente incapaz y eso le crea mucha frustración.

Conflictos externos: Las situaciones en las que le meten sus padres para lograr que se suelte con las interacciones sociales y que para ella son un infierno.

 

Secundarios

Gonzalo: Amigo del protagonista. 13 años. Chistoso, inseguro, aparenta estar siempre alegre, aunque no se sienta así.

Lucas: Amigo del protagonista. Reflexivo, lento para reaccionar, amable.

Jorge: Hermano mayor de Manu. Muy amigo de sus amigos. Con mucha labia. Un poco sinvergüenza. Se preocupa por su hermano y  cree que debería parecerse más a él. No entiende que sea feliz con su vida porque es un poco estrecho de miras, aunque tenga buena intención.

Ramón: Bedel. Se preocupa por los estudiantes, aunque de una forma dura y directa. Eso le granjea algunos odios entre el alumnado.

José María: Tutor de Manu. Sólo quiere cubrir expediente y volver a casa.

Nerea: Profesora que se preocupa demasiado por sus alumnos y vive en una agonía constante.

Alonso: Jefe de estudios. Serio y estricto. No pasa una porque no puede permitirse que le pierdan el respeto.

Marga: Madre de Mateo. Histérica e irascible en sus días malos. Cariñosa y divertida en sus días buenos. Tiene una enfermedad mental que le hace tener muchos cambios de humor y manía persecutoria. Piensa que todos están contra ella y que le mienten.

Alfonso: Padre de Mateo. Se desvive por su esposa. Paciente, angustiado. Incluso un poco amargado.

Terciarios

Salva: Profesor guay, pero en el fondo inseguro. Quiere caer bien a toda costa.

Ana Laura: Orientadora. Tranquila y dulce. Tiene tendencia a poner etiquetas a todo el mundo.

Beatriz: Madre de Manu. Desconfiada y un poco catastrofista. Cariñosa. Ve peligros en cada rincón.

Roberto: Padre de Manu: despreocupado y un poco infantil.

Merche: Abuela de Lucas: Adorable, cariñosa y muy despistada.

Isaias: Compañero abusón que tampoco es tan malo. Busca la aceptación de su padre por encima de todo, pero se siente culpable por la mayoría de las cosas que hace y eso lo llena de rabia.

Adrián: Compañero deportista. Carismático. Con mucha presión sobre él.

Álvaro: Compañero graciosito y atolondrado que en casa sufre de falta de atención.

Sonia: Compañera guapa y divertida que se esfuerza mucho por agradar a los demás. No puede evitar mentir, a veces de forma innecesaria.

martes, 3 de febrero de 2026

Taller Escribir literatura I y J: Tarea 5. Encajar la historia de nuestra sinopsis en el paradigma de Syd Field.

 

Ejercicio 3: Encajar la historia de nuestra sinopsis en el paradigma de Syd Field.

Escala de tiempo

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

En la vida real no se respawnea

ACTO I

Presentación de personajes (fichas de personajes. Ejercicio 4).

Incidente inicial: El protagonista desea unas recompensas especiales de un juego de móvil y rompe las reglas de su instituto. Le pillan y le quitan el móvil, pero aún le queda otra oportunidad para conseguir las recompensas, así que en el último momento, decide esconderse en el baño para recuperar su móvil, que, supuestamente, tiene su tutor en el cajón de la mesa del profesor de su clase.

Incidente incitador: El móvil, evidentemente, ya no está en el cajón. Pero se encuentra con que la pizarra electrónica está encendida y que le absorbe para hackearle el cerebro. Ahora ve barras de vida sobra las cabezas de los que le rodean y, si les toca un brazo, aparece la pantalla de habilidades. Igual que en un videojuego.

Punto de giro 1: descubre que su mejor amigo tiene el nivel de vida bajísimo. Intentando subir su barra de vida, el protagonista se dará cuenta de que conocía muy poco de su amigo.

ACTO II

Obstáculos: Si el protagonista pensaba que, con no acercarse a la pizarra, ésta no podría alcanzarle, estaba equivocado. Ante sus ojos aparecen mensajes y opciones cerradas que tendrá que ejecutar siguiendo su intuición, sentido común y conocimientos sobre los videojuegos. La pizarra electrónica y sus reglas son un engorro, pero la vida real no se queda atrás. ¿Por qué la gente le pone tantas piedras en el camino y se las ponen a sí mismos?

Es el momento de hacer aliados y adversarios, de las traiciones, cambios de bando, misiones, minijuegos, recompensas, penalizaciones, descubrimientos…

Punto de giro 2: la pizarra no es el antagonista real, hay alguien detrás… o algo, porque Manu no está muy seguro de que eso sea humano, pero lo que sí tiene claro es que ahora sabe dónde puede encontrarlo y que tiene que confrontarlo si quiere llegar hasta el final de este juego en la vida real.

ACTO III

Clímax: Batalla final. El protagonista y sus aliados pondrán en marcha su estrategia final para enfrentar al antagonista. Este plan lo harán fracasar, sin mala intención, personajes antagonistas secundarios.

Finalmente, se descubre que la entidad misteriosa sólo le ha dado al protagonista un fuerte sentimiento empático y de consciencia del entorno con una forma visual y reconocible para él, que le hace ver más allá de su ombligo y a través de las capas superficiales que las personas anteponen a sus “Yo” más profundos.

lunes, 2 de febrero de 2026

Taller Escribir literatura I y J: Tarea 4. Mostrar, no contar

Ejercicio 2: Escribir un párrafo en el que el personaje sienta una emoción pero que no se cuente, que se muestre. No se puede usar la palabra clave de dicha emoción. Luego la clase dirá qué emoción identifica del texto de cada alumno. 6 u 8 líneas de un solo personaje.

Tragó saliva con esfuerzo. Observó como los pelos de sus brazos se ponían de punta poco a poco. Agudizó el oído. Silencio. Sus latidos bajaron un poco el ritmo. A lo mejor se lo había imaginado. Mientras pasaba a la siguiente página del libro, volvió a escucharlo. Otro paso. Esta vez más cerca. La página se quedó a medio camino entre sus dedos, agarrotados.