viernes, 27 de febrero de 2026

Taller Escribir literatura infantil y juvenil: Clase 4

 Manuscrito para enviar a una editorial

Formato: Garamon, 13, doble espacio.

Asunto: Manuscrito no solicitado

En el cuerpo del mensaje o en un PDF adjunto:

-          Biografía: 3 ó 4 líneas en relación con tu trayectoria de escritor o tu novela.

-          Sinopsis: Una carilla (una página escrita por una sola cara).

-          Párrafo hablando de la novel e influencias desde la distancia: los autores que te han influido, donde encaja vuestra novela en su editorial.

-          Email, nombre y número de teléfono.

Escena

La escena remite al tiempo real del lector. Es muy importante la sensación que tiene el lector cuando está leyendo porque opera en su mismo tiempo.

Ejercicio: Grabar una conversación real para que nos demos cuenta que nunca se podría llevar al texto tal cual, porque está llena de doble sentidos, faltas de sentido, ironía difícil de reflejar sin el tono de las voces, vaguedades, contradicciones…

La Escena es la unidad individual mínima de la acción. Su objetivo es hacer avanzar la historia. Es muy importante determinar que va en una escena y que va narrado.

Pilares de la escena:

1-     Lugar, espacio, tiempo: hay que concretar todos estos puntos, aunque luego no se cuenten directamente en la escena. Esto va a determinar el contexto. Hay que escenificar los detalles, que es lo que crea la tensión en las escenas. Ej.: Una vez en américa, la escena en la que Robert de Niro está teniendo una conversación banal con otro personaje y la tensión la crea el ruido molesto de la cucharilla al remover una taza en la que ya no le queda té. Hay que determinar con claridad cual es el propósito, qué ocurre en la escena y por qué hemos decidido convertirlo en escena.

2-     Diálogo: Ej.: El nombre de la Rosa, Umberto Eco.

Las conversaciones me planteaban muchas dificultades, pero luego las resolví escribiendo. Hay un tema poco tratado en las teorías de la narrativa: el de los turn ancillaries, es decir los artificios de que se vale el narrador para ceder la palabra a los distintos personajes. Véase las diferencias entre estos cinco diálogos:

 

          1. -¿Cómo estás?

 

          -No me quejo, ¿y tú?

 

          2. -¿Cómo estás? -dijo Juan.

 

          -No me quejo, ¿y tú? -dijo Pedro.

 

          3. -¿Cómo -dijo Juan-, cómo estás?

 

          Y Pedro, precipitadamente:

 

          -No me quejo, ¿y tú?

 

          4. -¿Cómo estás? -se apresuró a decir Juan.

 

          -No me quejo, ¿y tú? -respondió Pedro en tono de burla.

 

          5. Dijo Juan:

 

          -¿Cómo estás?

 

          -No me quejo -respondió Pedro con voz neutra. Luego, con una sonrisa

 

          indefinible: -¿Y tú?


          Salvo en los dos primeros casos, en los otros se observa lo que se define como «instancia de la enunciación». El autor interviene con un comentario personal para sugerir el sentido que pueden tener las palabras de uno y otro personaje. Pero, ¿esa intención falta realmente en las soluciones, al parecer asépticas, de los dos primeros casos? ¿Y dónde es más libre el lector? ¿En los dos casos asépticos, donde podría sufrir una imposición afectiva sin darse cuenta (¡la aparente neutralidad del diálogo en Hemingway, por ejemplo!), o en los otros tres casos, donde al menos sabe a qué juego está jugando el autor?

          Se trata de un problema de estilo, un problema ideológico, un problema de «poesía», similar a la elección de una rima interna o de una asonancia, o a la introducción de un paragrama. Hay que encontrar una coherencia. Quizá mi caso era fácil porque Adso relata todos los diálogos, y qué duda cabe de que Adso impone su punto de vista a toda la narración.

          Los diálogos también me planteaban otra dificultad. ¿Hasta qué punto podían ser medievales? Con otras palabras, mientras escribía me fui dando cuenta de que el libro adquiría una estructura de melodrama bufo, con extensos recitativos y amplias arias. Las arias (por ejemplo, la descripción de la portada) remedaban la gran retórica del Medioevo, y en ese caso no faltaban modelos. Pero, ¿y los diálogos? En determinado momento temí que los diálogos fueran Agata Christie, mientras que las arias eran Suger o San Bernardo. Me puse a releer las novelas medievales, quiero decir la epopeya de caballería, y me di cuenta de que, con alguna licencia de mi parte, estaba respetando, sin embargo, un uso narrativo y poético que no era ajeno al Medioevo. Pero el problema me preocupó largamente, y no estoy seguro de haber resuelto esos cambios de registro entre aria y recitativo.   

                                             Umberto Eco (“Apostillas a El nombre de la rosa)

 

Como curiosidad, la adaptación cinematográfica de En el nombre de la rosa, fue bastante fácil porque los diálogos estaban cronometrados para durar lo justo que tenían que durar en una escena audiovisual.

El Estilo de Heminway para escribir diálogos es utilizar mucho el subtexto para que lo importante se insinúe, pero no se toque directamente en el diálogo. Ej.: Colinas como elefantes blancos. Escribe casi sin acotaciones para que haya interpretación libre del lector.

No hay ninguna fórmula que funcione mejor que otra. Unos escritores prefieren acotar con detalle para guiar al lector por donde quieren y dejar clara su intención y otros, prefieren dejarlo abierto a la interpretación.

Las estructuras sintácticas deberán ser cortas y el léxico natural y sencillo. Hay que intentar imitar la realidad, lo que no implica copiarla. Los escritores hacen lo que se llama la mímesis de la realidad: hacen algo que se parece, pero dotándolo de sentido y contexto.

El diálogo va de la mano con la narración.

Por ejemplo, para marcar la ironía, hay que apoyarse en el narrador. No se puede conseguir sólo a partir de lo que un personaje dice.

Encontramos dos partes dentro del diálogo:

1-     Parlamento: Lo que dicen los personajes.

2-     Acotaciones: las explicaciones, el contexto, lo que piensa o hace el personaje. Hay que tener cuidado con alargar demasiado las intervenciones del narrador porque resta ritmo y la escena queda poco natural.

El diálogo se representa a nivel estilo con raya larga. Para insertar el guion largo o raya (—) en Word, usa el atajo Alt + 0151 (teclado numérico), o escribe tres guiones cortos seguidos y presiona espacio. En Mac, usa Option + Shift + guion. También se puede copiar el guion (—) de este texto y pegarlo.

Otra forma de representar diálogo es con comillas o sangrías.

Subtexto: es el significado implícito, oculto o subyacente que se encuentra debajo de lo que se dice o escribe explícitamente (el texto). Es la "verdad" emocional, las intenciones, pensamientos o motivaciones no expresadas de los personajes, que permiten leer entre líneas y añadir profundidad y tensión a la narrativa. El subtexto es lo más importante, la sustancia, lo que atrae, lo que interesa.

En esto se basa la teoría del Iceberg. La teoría del iceberg, popularizada por Ernest Hemingway, postula que en literatura (y comunicación) la mayor parte del significado debe quedar oculta bajo la superficie, mostrando solo un 1/8 parte mediante acciones y diálogos, mientras que el 7/8 restante (contexto, emociones) lo infiere el lector. Esta técnica de omisión crea historias más profundas y sugerentes.

Mapa

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Cuál es la clave de un buen diálogo: la transparencia.

El texto oculta la vida interior a los demás, pero permite al lector ir más allá.

Hemingway primero pensaba en los personajes, en todo lo que se ocurría de forma literal, luego, su ejercicio consistía en ir quitando elementos para dejar sólo lo imprescindible. La clave es cuanto puedo quitar sin restar sentido, que se siga entendiendo las situaciones e intenciones de los personajes.

En los diálogos es muy importante que cada personaje tenga su propia forma característica de expresarse. De otro modo te puedes perder en los diálogos como lector y no saber quién está hablando en ese momento sin necesidad de acotaciones precisas.

Secuencia: unión de varias escenas.

En el texto de Skarmeta vemos cuatro escenas: La presentación, la visita del militar, la vuelta del militar y la cena familiar. También encontramos una elipsis que se salta dos semanas.

En la última escena se juegan con las miradas y silencios y se presenta el giro final con el ajedrez. En esta escena se demuestra que el niño ha aprendido, madurado, y ya entiende que hay cosas que se deben omitir y que, incluso, a veces es bueno mentir.

Qué se necesita para para trabajar en una escena:

-          Mínimo, dos personajes.

-          Espacio-lugar-tiempo

-          Imaginar la escena dentro de la novela – subtexto.

-          Qué se dice, que se elimina y qué se oculta.

-          Cual es el propósito: qué quiere un personaje del otro.

Fijarse en las acotaciones y los parlamentos.

Tarea: escribir una escena. Hay que indicar para qué edad  está dirigido el texto.

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