La acción y el tiempo
El movimiento de la acción narrativa hay que tenerlo en la
cabeza. El lector niño quiere que pasen cosas, que avance la trama y que los
personajes estén en movimiento. Los adultos tienen más paciencia que los niños.
Por ejemplo, los niños no aguantan las digresiones, por regla general. Las
digresiones son interrupciones en el hilo principal de un discurso, narración o
texto, donde se introducen temas secundarios o no relacionados directamente con
el asunto central. Actúan como pausas para enriquecer el relato, divagar,
ironizar o dar libertad creativa, siendo una técnica común en la literatura y
el habla cotidiana. Detener la acción, volver hacia atrás y contar la historia
de un personaje o lugar suele desenganchar a los lectores niños.
Hoy en día los niños tienen menor capacidad de atención por
el tipo de estímulos que reciben, por eso es importante el movimiento continuo
en las novelas infantiles y juveniles.
Hay que tener cuidado incluso con las descripciones. Deben
hacerse a través de las acciones y el movimiento de los personajes: Ej.: las
lágrimas le caían a borbotones mientras saltaba el muro para poner la mayor
distancia posible entre ella y ese desalmado de ojos bicolor.
Este tipo de literatura es como un tren: no avanza muy
rápido, pero siempre está en movimiento.
La acción se construye en relación con el tiempo y existen
dos tipos:
- - El tiempo del lector: el tiempo que tarda el
lector en leer la novela
- - El tiempo de la narración. El tiempo en el que
transcurre la acción que no tiene por qué coincidir con el del lector. Pueden
pasar horas, días, meses, años…
Dentro del tiempo de la narración encontramos escenas,
Resúmenes y Elipsis.
Las escenas son la unidad gramatical más importante.
Por lo general, coincide con el tiempo real del lector, más o menos.
Cuando el lector está en le tiempo real de la escena, son
los personajes los que hacen y los que dicen y el narrador se retira un poco.
Aquí conocemos a los personajes y el narrador podrá puntualizarlo, pero debemos
centrar las escenas en el foco de los personajes.
En cada escena debe aparecer acciones, desarrollo de
personajes, conflictos, novedad…
Si el tiempo no coincide con el del lector, entonces estamos
ante un resumen, que son los momentos en los que nos cuentan por encima
que pasa tiempo porque lo que ocurre no es importante para la historia.
Las Elipsis son aquello que no se menciona en la
historia y se da salto en la narración. Las decisiones sobre la que va a ir en
la novela y lo que no son muy importantes. Por ej.: si un personaje va del
punto A al punto B y no aporta nada en la narración se omite.
La historia es el marco temporal. Lo que creo que
debe ir en escenas, qué debe aparecer como resumen y qué no debe aparecer. Ej.
De Elipsis: Un año después…
Las leyes de la escritura no están escritas en piedra. No
todo funciona siempre y las excepciones pueden funcionar, a pesar de que no sea
lo normal. Podemos hacer escenas mezclando resumen o una elipsis.
Lo que debemos tener claro es qué queremos contar y cuánto
de eso queremos contar.
La clave para saber qué podemos resumir o con qué podemos
hacer una elipsis es que si no se pone y funciona es porque no tenía que
ponerse.
Si en la escena se muestra una parte importante o un
personaje revela algo importante o imprescindible o la acción cambia algo no se
puede omitir.
Si el personaje dice algo, pero el narrador muestra algo
contrario a lo que dice encontramos subtexto. Por ejemplo, si un
personaje le dice a alguien por teléfono que no se preocupe, que no pasa nada,
pero el narrador describe como se le humedecen los ojos y un nudo se forma en
su garganta mientras asegura que está perfectamente bien.
Cuando pensamos en una historia tenemos que ver hacia donde va y eso nos dice lo que es importante.
Personajes
El personaje es el eje del relato y se trabaja mucho en baso
a la empatía. No siempre la fuerza recae en lo que ocurre sino a quién le
ocurre.
Para crear el conflicto hay que tener en cuenta los
problemas de nuestros lectores, que no entienden el mundo como los adultos.
Están en el proceso de aprender a entenderlo y a identificarlo. Su realidad es
más fragmentaria y exagerada. Ej.: El pequeño Nicolás.
El protagonista debe moverse en un contexto creíble y
verosímil para que el lector se identifique.
La edad de los lectores, por lo general, se tiene que
corresponder con la del protagonista o un poco más, que sería lo ideal porque
en los niños existe el deseo de crecer. A medida que crecemos alcanzamos lo que
está prohibido.
Los personajes tienen que ser imperfectos. Los personajes
planos buenos o malos les aburren. Los personajes imperfectos se pueden
equivocar y tomar malas decisiones, pero, aun así, o justo por eso, se puede
empatizar con ellos.
Los personajes pasan por un arco de transformación a través de aquello que han vivido. Esto aplica incluso a los seres fantásticos, aunque sea un dragón es mejor si es imperfecto y los lectores pueden empatizar con él. Los personajes con defectos nos suelen caer mejor. El defecto los hace especiales y únicos.
Los personajes secundarios
Cuando construimos personajes secundarios nos tenemos que
hacer dos preguntas:
-
¿Qué aportan ala historia y qué aportan al
protagonista?
-
¿En qué se diferencian del protagonista?
Cuantos más personajes metas más difícil será la
identificación de los mismos en la escena.
Si coges la historia, eliminas las intervenciones de ese
personaje secundario y se entiende la historia, ese personaje no es importante
y se puede prescindir de él. Sólo es un apoyo o un elemento cómico.
En Morfología del cuento de Vladimir Propp se
desarrollan los rasgos distintivos de los personajes arquetípicos de los
cuentos.
A la hora de presentar a los personajes hay que tener en
cuenta la dosificación de la información. Cuando construimos a los personajes
se pueden hacer de muchas maneras: con fichas de personaje, cuestionarios como
el de Proust o, incluso creando biografías completas. Pero luego no todo es
relevante para la historia y no debe aparecer en la novela. Todo esto es muy
útil para conocer a nuestros personajes fuera de la novela y poder plasmarlo de
forma verosímil. También tenemos que enlazar las vidas de nuestros personajes
en una red de relaciones y puntos comunes antes de desarrollar la historia.
Ej.: Poemas de Alberto Cardo.
Una vez tengamos toda esa información, la pregunta es cómo
la dosificamos en la acción de las escenas. Los datos hay que ir soltándolos
poco a poco. Si damos muchas juntos el lector los suele olvidar.
Regla del 3: Para que el lector recuerde un dato hay que
repetirlo 3 veces.
Las preguntas no son importantes porque nos resuelvan algo
de la trama sino que a través de esas preguntas nos puede llegar algo del
personaje que puede ser importante y que estemos pasando por alto.
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