Las elaboradas mentiras de mi hijo pequeño me alucinan. Por ejemplo, cuando le dije que no se comiera un segundo polvorón y me contestó que venía del futuro, por lo que estaba masticando el mismo polvorón que aún no había abierto en el presente. Incluso se planteó entrar en un bucle temporal e ir a por otro, pero no coló.
Me apenan las fantasiosas ideas que bullen en mi cabeza día y noche y que nunca serán plasmadas en negro sobre blanco por falta de tiempo. Con lo que, tal como vienen, se van.
Que resulte tan fácil vender tu alma por necesidades tecnológicas, creadas artificialmente, me hace reflexionar sobre, si algún día, llegaré a conocer el verdadero precio, sobre mi identidad y capacidad de decisión, de esta total conectividad.
Todas las primaveras, comienza el éxodo de las cucarachas que huyen de los fumigadores de alcantarillas para acabar muriendo aplastadas o gaseadas en mi casa, haciéndome vivir momentos de verdadero asco y terror
Skynet habita en uno de los pasillos de mi escuela. Todos los días le doy los buenos días y eso me contesta en Morse que no se apodera de la humanidad porque no quiere.
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