En la vida real no se spawnea
Público recomendado: de 11 a 14 años.
Manu cursa 2º de la ESO en un instituto público, sin llamar mucho la atención ni resaltar de ninguna manera. Sobrevive entre cincos pelados y un grupo de amigos reducido, pero bastante confiable. Lo único que da emoción a su vida son los videojuegos Dark Soul, los indies y los de mundo abierto. Sólo es feliz delante de la pantalla, aunque, para ser totalmente sinceros, es una felicidad relativa, porque está salpicada de frustraciones y ataques de ira descontrolada traducidos en una sarta de barbaridades, que salen de su boca a un volumen moderado para no hacer saltar las alarmas maternales.
Todo iba bastante bien hasta que acepta un reto de forma impulsiva en un mal día: esconderse en el baño y pasar una noche en el Insti, ¿qué podía salir mal? ¿Quizá que te engulla de una pieza la pizarra electrónica y te escupa después de hackearte el cerebro sin permiso?
Pues justo eso fue lo que le pasó a Manu. Ahora puede ver el nivel de vida y las estadísticas de las habilidades de todos los que le rodean, como si estuviera dentro de un videojuego, pero en la vida real. Y se da cuenta de que a su mejor amigo le queda muy poco de su barra vital. Está en sus manos completar las misiones que le presenta el sistema para lograr rellenársela antes de que se le vacíe del todo y sólo le quede lamentar su pérdida.
La pizarra no se lo pondrá fácil en esta aventura, a contrarreloj, que le obligará a abrir los ojos a otras realidades, poco visibles, de su entorno, en las que nadie es lo que quiere aparentar ser. En el camino, Manu descubrirá; a base de sudor, sangre y lágrimas; que una máquina puede tener un sentido del humor muy negro y una forma muy extraña de conseguir lo que quiere. Pero ¿qué quiere la pizarra? Nuestro protagonista va a tener que descubrir su lore sin la ayuda de Youtube y Tik Tok para poder ganar la partida sin dejarse la cordura en el intento.
Temas: depresión juvenil, baja autoestima, máscaras y escudos emocionales, problemas de personalidad, adicciones digitales, hipocresía social.


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