viernes, 21 de noviembre de 2025

El kitsch y el mal gusto: tarea 3. Innovación ritual

 Disparador de escritura:

- "Aprendí a cortarme los dedos con una tijera de podar; dije los dedos, no las uñas"


—Y con Yahoo preguntas aprendí a cortarme los dedos con una tijera de podar; dije los dedos, no las uñas —aclaré, por si acaso.

—Pero ¿por qué estabas buscando cómo cortarte los dedos con una tijera de podar? —me preguntó mi compañero abriendo mucho los ojos.

No se podía negar que había conseguido sorprenderlo.

—Evidentemente, no estaba buscando eso. Estaba buscando como cortar dedos en general. Siempre lo hago mal y me cuesta mucho partir las malditas falanges.

Seccionar los dedos de los sacrificios era la mejor manera de recoger su sangre teñida con lenta agonía. Supuestamente, la mejor tinta para escribir los símbolos y letanías primigenios, pero ¿quién sabe? Los textos que hemos encontrado hasta ahora no son muy precisos o están escritos en lenguas olvidadas o no humanas imposibles de descifrar. Y hay que confesar que, hasta ahora, los resultados han sido cuanto menos decepcionantes.

En los ojos de mi interlocutor se leía una total incomprensión hacia mis palabras. No era de extrañar. No lo consideraba la oveja más lista del rebaño. Por eso mismo lo había elegido para esta conversación. Si podía convencer a alguien para probar el novedoso giro que se me había ocurrido para la ejecución de los rituales, era a él.

—Me alegro de que te hayas decidido a aprender a hacerlo bien, porque dejas todo hecho un desastre cuando te toca a ti —opinó de la forma más desafortunada y ofensiva.

Contuve mi gruñido a tiempo. Ni que él lo hiciera mucho mejor. Bueno, sí. Hay que reconocer que tiene un don para encontrar la articulación y que utiliza la daga con suma pericia. Yo, en cambio, me llevé parte de una de mis yemas en la última invocación. ¡Y pude notarlo! La presencia, una chispa de divinidad y sabiduría infinita. Tan leve, tan mínima, que sólo yo me di cuenta. El resto de los acólitos mostraban la misma cara de decepción de siempre.

Así que investigué. Encontré esa curiosa respuesta en Internet, busqué a su autor y di con el caso de su misteriosa y espeluznante desaparición. Para mí que transcendió de plano. Qué afortunado. Pero ponerme a seccionar mis propias falanges a lo loco no es mi estilo, así que necesito una cobaya que me asegure el éxito.

El problema es que mi cobaya no parecía muy convencida de sumarse al experimento. 

—Piénsalo. A lo mejor, por sacrificio, las escrituras se refieren al nuestro propio y no a los desgraciados que hemos recogido en las calles—argumenté con vehemencia —. Quizá no se trate de que vengan a nosotros, sino de ir nosotros donde están ellos.

Mi interlocutor frunció el ceño, pero me estaba escuchando con interés. Al menos estaba logrando que lo considerara. Sonrió de forma siniestra, como hacemos todos. Es un requisito imprescindible para convertirse en sectario del culto de las Estrellas.

—Me corto un dedo, si te lo cortas tú primero —me propuso con un tonito irritante.

Que cabrón. Pues al final no va a ser tan tonto como parece. Voy a tener que dejarlo en tablas con él. Al menos, por ahora.


No hay comentarios:

Publicar un comentario